La fábula, una
narración llena de historia
No saber lo
que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños.
Escritor, orador y político romano.
En la escuela se ha venido trabajando la fábula como el género literario
fantástico, lleno de seres inexistentes, que enseñan miles de cualidades, donde
se pretende enseñar las buenas acciones y rechazar las malas, en el que la personificación
de cada ser inanimado, cada animal, llena de sueños la mente del niño, que
pasea sus ojos frente al libro colmado de letras, colores e imágenes. Pero ¿Es
la fábula sólo una narración ficticia que se encarga de mostrar en sus líneas y
moralejas, enseñanzas éticas y morales?
La palabra fábula como dice Valverde (1959)
viene de habla, lo que nos indica que desde el momento en que el hombre se
comunica, la fábula está presente en su diario vivir, haciendo parte de su
historia, de su cotidianidad. Asimismo, Valverde exalta la fábula como el
fundamento de toda literatura y cultura universal, García (1991), cuenta que
aparecieron los primeros textos fabulísticos con un estilo literario en el
siglo VI A.C, lo que nos ubica en un remoto tiempo, dándonos a entender que las
creencias y la cultura que el hombre poseía en su momento estaba abarcada por este
género literario.
Estas afirmaciones permiten ver que no solo la fábula
es un texto “recreativo” para los niños, es un género literario que ha
arrastrado tras de sí la historia de una humanidad perdida, donde la mente del
ser humano recrea toda su vida, cuenta sobre sus creencias, miedos y
fortalezas, siendo este el medio de traspasar el conocimiento de generación en
generación.
Bernardo Canal Feijoo (1960), afirma que la
fábula es el género que “constituye un instrumento típico de expresión”, lo que
nos lleva a confirmar lo dicho anteriormente. Ana Atorresi (2009) nos dice que la fábula es una narración
popular, lo que permite confirmar que este género conlleva entre sus líneas un
gran camino histórico y hasta anecdotario de nuestros antepasados. Pero retomemos a nuestra pregunta ¿la fábula
enseña moralejas?, en cuanto a mi experiencia, siempre que escuchaba la palabra
fábula, llegaba a mi mente “valores, lo bueno, lo malo…” pero no siempre es así, o por lo menos, no
debemos aferrarnos solo a esta idea.
Monterroso (1996) nos dice que la fábula no
solo se escribe para ser usada en las clases de ética, ya he señalado que la
fábula ha sido parte importante del hombre, al ligarlo con su cotidianidad, por
lo tanto, no siempre nos cuenta sobre valores, también sobre hechos que afectan
la vida humana, entonces podemos ver que inicialmente la fábula fue escrita
para el hombre, no para el niño, pero al pasar de los años, los grandes
fabulistas y escritores han trasformado estos escritos vivenciales e históricos
en textos que permiten al docente, enseñar valores a los estudiantes.
¿Qué diremos entonces? La mirada que le damos a
la fábula debe tomar otro sentido, quitémosle esa etiqueta de género literario
infantil que trae una moraleja y es protagonizada por animales, donde la
personificación es la mayor figura que allí se maneja, démosle un giro, veamos
la cola que trae tras ella, de pronto así, logremos entender tantos eslabones
perdidos que tenemos en nuestra historia, tal vez así, ubiquemos las raíces que
desconocemos y brindemos a nuestros muchachos una visión más amplia de la que
muchas veces se da, donde logremos abrir los ojos de la memoria de nuestros abuelos
y conocer el trasfondo que del pasado que hoy desconocemos.
Blanca Luz Mendoza Salazar
Bibliografía
Atorresi,
A & Colaboradores. (2009): Aportes para la enseñanza de la lectura.
Editorial. Salesianos Impresores S.A
Ayala,
Carlos (1982): Prólogo a Antología de fábulas. Círculo de lectores.
Barcelona.
Canal
Feijoo, Bernardo (1960): Burla, credo, culpa en la creación anónimaNova,
Buenos Aires.
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